viernes, 31 de octubre de 2014

¿GARBANZO DE A LIBRA? (Parte III y última de mi recuperación)


Y así llego a la parte final de mi recuperación y la mejor. Después de seguir yendo a hacer ejercicio, comenzar a salir a reuniones y fiestas, lo mejor venía en camino. Primero que nada, mi hermana llegó de un largo viaje del cual aprendí que aunque estuviera lejos físicamente siempre está conmigo, no tengo palabras para describir esa sensación pero así es y, no, no es porque la viera casi diario en Skype, es porque de alguna manera sabía que estaba conmigo y porque siempre, como ya lo había dicho, ha sido de mis más grandes motivaciones para estar sonriente, no más porque sí.

Continuando con la recuperación, cada vez me sentía más fuerte, comencé a tener pequeñas rutinas y ya más convencida regresé a la búsqueda de trabajo, mucho más tranquila, mucho más ubicada en la realidad y deseando que encontrara algo me gustara y que pudiera ver oportunidad de crecimiento profesional, el sueldo ahora no tenía tanta importancia, sabía de sobra (después de 7 meses de ir a diferentes entrevistas) que no ganaría ni la mitad de lo que quisiera, pero eso sí, siempre consiente de que así se empieza.

En ese inter el desfile de doctores seguía siendo parte de la rutina, íbamos con uno y con otro hasta que nos pudieran esclarecer qué rayos padezco o no, digo, después de 16 años de estar diagnosticada con Lupus la incertidumbre nunca ha sido mi mejor amiga, así que en esta ocasión, tampoco lo fue y así llegamos con el diagnóstico final;
El Lupus no se medio tiene, como me explicó uno de los doctores (nefrólogo) uno no está medio embarazada o no, así que sí, si tuve detectado en agosto de 1998 y desde noviembre de ese mismo año ha estado en remisión. Una enfermedad que todos los doctores aseguraron jamás se iba a “inactivar”, porque sería un error decir que podría desaparecer, oh sorpresa, ha estado en remisión todo este tiempo.

Y desde ahí vinieron y siguen llegando, avalancha de buenas noticias :)

A principios de Octubre mi cuñado me ayudó a buscar trabajo por órdenes de mi hermana, obviamente ;) y cuál es mi sorpresa que a mitad del mes por fin se juntaron los requisitos pensados, sin esperar las perlas de la virgen; por lo menos unos pesos más de lo que me pagaron la última vez, un trabajo cerca de mi casa, con un horario que me deja toda la tarde libre y lo mejor, me gusta mucho lo que se hace en la empresa y, tanto el de recursos humanos como mi jefe hicieron mucho énfasis en la oportunidad de crecimiento profesional. Y creo que el error de todos es pedir demasiado cuando lo primero que deberíamos hacer es agradecer lo que se nos está dando y presentando y esta vez así lo hice.

Noticias de salud; han decidido que ya fue suficiente de 16 años de cortisona, haremos lo posible (sí, los doctores y especialmente yo como siempre lo he hecho) para que logremos quitarla definitivamente, tengo un tratamiento mucho menos agresivo y sí, sí señores, la doctora me explica que SOY UN GARBANZO DE A LIBRA. El Lupus diagnosticado hace 16 años es de los más agresivos y temidos y aquí estoy, vivita y coleando, especialmente con una excelente calidad de vida a mi modo de ver las cosas. Si no he de mentir, diré… claro que no tenía nada claro lo que esa enfermedad era, creo que me faltó mucho por entender, pero también creo que esa fue una de las tantas condiciones que me ayudaron a salir adelante. Ahora que he investigado me siento sumamente feliz de lo que ahora sé, por mí y por mi familia, me parece que ha sido el mejor regalo de mi vida ¿cuál exactamente? Saber que todo lo he hecho bien y que para mí vivir desde que tengo 10 años siempre ha tenido un significado distinto del que tiene la gente que me rodea.

Considero que algo esencial en todo este proceso fue aceptar mi enfermedad y precisamente no luchar contra ella sino aprender a vivir con ella, creo que esa paradoja fue la que luchó contra mi enfermedad y “la venció” si es que así se puede decir.

Los doctores están totalmente sorprendidos, yo más bien pienso que muchas veces no se nos da crédito a nosotros los pacientes de todo lo que hacemos, sí pueden culparnos de todo lo que hacemos mal pero creo que pocos saben dar crédito a lo que hacemos bien.
Como pueden ver, no tengo palabras exactas para describir lo afortunada que me siento por haber vivido absolutamente todo lo que he vivido, por todo eso soy quien soy y sinceramente me caigo re bien.

Bien sabía, y conste que está escrito, que después de la tempestad viene la calma como dicen en mi pueblo, lo que yo digo es que de todas las veces que he tenido que echarle muchas ganas para seguir con mi misma sonrisota ha valido la pena pues siempre que salgo “del hoyo” (tres veces para ser exacta) he salido cada vez más segura de que me encanta vivir y pus  sí, obvio que aprendiendo a conocerme cada vez más y cayéndome cada vez mejor.

Así que bueno, esta crisis era necesaria; estuve más cerca de mi familia que nunca, reafirmé que aunque no tuviera a mis amigas físicamente ahí estaban sin duda alguna, pedí y me dieron todos los abrazos que quise, definitivamente mi relación con mi novio creció como nunca hubiera imaginado y la comunicación, confianza y apoyo que mis papás me dieron fue indescriptible, y obviamente tuve la mejor noticia; puedo hacer una vida normal y sí, confieso que lo primero que vino a mi cabeza fue que podré tener hijos sin tantas broncas de salud, cada quien J

Tons Octubre ha sido, recuperación al 100%, relación con mi novio mejorada y aumentada, relación con mis papás mejor que toda mi vida, si tengo calidad de vida ahora la aprecio como nunca, como muchos desgraciadamente no saben, tengo trabajo y … ESTOY SUMAMENTE FELIZ.


Gracias especialmente a Diana Elisa, Marilú, Paty, Mauri, Naty, Saúl, Mamá, Papá, Abuelita Carmita, Alejandra, Jesy, Vero, Lety Molina, Lety Bueno, Marisela, Yara y a mis periquitos. Si pongo estos nombres es sencillamente porque ustedes fueron testigos de la transición pero a toda mi familia que siempre estuvo al pendiente y a mis amigas y amigos, de verdad mil gracias, ustedes saben quienes son.

jueves, 2 de octubre de 2014

El miedo (Mi recuperación parte II)

Cómo les platicaba en mi escrito pasado. El miedo fue el principal motivo por el cual no pude recuperarme como yo hubiera querido de la operación, me causaba llantos al despertar, a medio día, a media tarde, en la noche, a veces simplemente no podía pensar en otra cosa que no fuera mi salud y, una vez más, en el miedo que tenía de absolutamente todo lo que tuviera que ver conmigo.

Entonces mi plan para no pensar tanto era ingeniar actividades que pudieran distraerme pero no podía concentrarme en ninguna de ellas, así que sólo contaba los días para ver a mi prima, casi hermana (nada más porque ella se apellida  Bieletto Bueno y yo Bueno Bieletto no lo es ;) ) para poder estar cerca de ella, abrazarla, que me abrazara mientras lloraba y que o habláramos mucho o no platicáramos nada. Eso sí, sólo pude concentrarme en tejerle una cobija a mi sobrinito.

También esperaba que fueran días de ir a casa de mi abuelita para ver a mis tías y familiares y así poder estar acompañada y llorar y llorar si es que así lo quería. Debido a que el llanto llegaba hasta en el momento menos esperado como a la hora de comer, o después de comer o viendo una película o saliendo del baño, simplemente corría con quien estuviera muy cerca, me abrazaban fuertemente y a veces se pasaba el miedo, a veces se sentía por unos 15 minutos demasiado intenso y poco a poco se iba, jamás me había sentido tan apapachada.

Muchos de mis familiares y amigos me dijeron que era lógico, que había vivido muchas cosas desde niña que  no pude expresar o que “fui demasiado fuerte”. No lo sé, será el sereno (como dice mi familia) pero lo que sí puedo decir es que jamás me sentí tan apoyada, tan protegida y curiosamente y paradójicamente tan feliz de contar con todo el cariño de mi familia y amigos, motivo que me hacía desesperar más porque lo único que quería era estar bien para mi y para la gente que me rodeaba. Yo veía sus caras de preocupación  pero especialmente de impotencia y eso me hacía recordar que he salido de varias, que esta no me vencería pero … no sabía para cuando, así que aprendí a recibir el apoyo.

Todos me dijeron que era un proceso. Ahora sí decidí decirlo a los cuatro vientos (antes no se me ocurría decir que me sentía triste, enojada o mal)  nada de aparentar estar o sentirme bien, estaba mal, estaba triste. ¡Oh sorpresa!, todos lo entendieron, cada quien a su manera, pero lo entendieron. Me dijeron que así como era un proceso tenía que ser paciente, y pues no sé ni de donde saqué la paciencia, tal vez, pensando día a día disfrutar el siguiente día, no pensaba ni un día más a futuro, vivía la mañana y si pasaba bien la mañana, pensaba en la tarde y si así era … la noche era la mejor, entonces así fui, hora a hora, día a día.

Lo peor estaba sucediendo, las crisis eran las peores, ahora sólo contaba los días para ver a mi hermana. Y entonces empezó la aventura de los doctores, las mil y un citas, ir uno tras otro, hacerme análisis y más análisis. Segundas opiniones, terceras y cuartas. Especialistas por aquí y por allá … no descansábamos, también me desgasté.

Primer doctor: cardiólogo para estabilizarme la presión y la depresión. Doctor que me manda con Reumatóloga (experta en Lupus), doctor que me manda medicina para la depresión que me calló como bomba, siguiente día, el peor de toda la recuperación. Medicina rechazada. Estudios.

Siguiente cita, doctora Reumatóloga: dos horas de interrogatorio … conclusión: podría no tener Lupus ¿? Qué!!! ¿De qué diablos me habla? ¿16 años creyendo que pudiera o no tenerlo?


Siguiente cita, psiquiatra: Manda la pastilla correcta. Las crisis siguen, mi primo está cerca de mi en toda mi recuperación, el ejercicio también ayuda, me hace compañía mi primo y mi novio. Dos semanas después por fin siento que saldré de la depresión, que pronto ya no tendré miedo y algo dentro de mi me dice que viene racha de buenas noticias, las cosas ya no se ven catastrófico, como quien dice, por fin veo luz en el agujero en el que estaba sumida ...

domingo, 7 de septiembre de 2014

Mi Recuperación (Parte I)

Luego de más de un poquito más de 3 meses aquí estoy escribiendo, contándoles como ahora sí “las cosas se están acomodando”, como dije en el escrito pasado, sabía que pasaría esa fase en que uno no más no encuentra salida pero, aquí estoy, saliendo del hoyo, coloquialmente hablando.

He de confesar que han sido los tres meses más espantosos y al mismo tiempo los tres meses más significativos en mi vida y nada más por esa sencilla razón que parece no tener mucha lógica es que quiero compartir los siguientes escritos, así nomás porque me dan ganas de compartirles mi experiencia, al final eso es lo que nos queda; experiencias.

Desde abril de este año mi salud no estaba muy bien que digamos, yo estaba estresada buscando trabajo, no encontrando nada que me convenciera y frustrándome porque no podía hacer todo lo que supuestamente quería hacer a mis 25 años. Mi presión comenzó a subir, mi panza no andaba muy tolerante con casi nada y no se diga los dolores de cabeza, eran totalmente insoportables y por ende preocupantes, y ahí comenzó mi miedo, miedo a ponerme peor cada vez y algo así sucedió.

Luego de tanto estrés, un dolor sumamente intenso que creíamos era la panza, luego el apéndice y después hasta pensamos que pudiera ser el riñón, terminé en el hospital en la sala de emergencia donde tuvieron que operarme de un quiste que se reventó en uno de mis ovarios. Me dijeron que me operarían de emergencia, yo escuchaba a los doctores que estaban seguros que el motivo era el quiste, sin embargo nos advirtieron que podía ser el apéndice y de ser así me abrirían. Dije que sí, el dolor era tan insoportable que sólo pensaba en que ya no quería sentirlo. De pronto creí que todo lo que me sucedió trajo como consecuencia esa operación o que el motivo del sentirme tan mal era precisamente porque se estaba avecindando este “problema”, pero no tenía nada que ver una cosa con otra, así no más ... se me juntó todo.

Camino a la ambulancia la paramédico fue quien diagnosticó un posible dolor del riñón, yo me asusté muchísimo pero pensé “después de 16 años que era de alguna manera razonable que regresar al hospital”, aunque la verdad no quise pensar en eso así que le hice la plática a la paramédico todo el camino. Después me dijeron que me operarían, jamás tuve tiempo ni de ponerme nerviosa ni de estresarme, simplemente quería descansar, dormir , ya no vomitar, y parar esos dolores en pocas palabras quería que operaran, ya. Salí de la operación contenta porque ya había dormido y porque ya no tenía más dolor, vi a mi familia (papás, tíos y novio)  y sin más lloré por la tranquilidad que en ese momento sentí, sencillamente porque estaban ahí.

Al siguiente día “una medicina” me puso ansiosa y sólo pude calmarme llorando con mi mamá, y aunque para algunos sea extraño, no acostumbro a llorar tanto, y así llegó el mal del bueno (es decir, llorar y llorar). Total, salí pronto del hospital, llegué a casita por fin y a disfrutar del mundial en cama, aunque eso de disfrutar es un decir. Esos días comenzaron a ser terriblemente preocupantes, que si me subía la presión que si me bajaba, que si tenía una cosa, que si tenía otra. En fin, la recuperación de la anemia, más la pérdida de sangre, más la operación misma no ayudaban a mi confianza de ponerme bien y sin decir agua va … sentí miedo, a todas horas, mañana, noche, miedo de volver a enfermarme de lo que fuera, ese fue mi primer miedo.

Todo ese tiempo mis papá, mi mamá y Saúl estuvieron conmigo, cuidándome, apoyándome y sí, consintiéndome en mi recuperación, pero ¡oh sorpresa!, para todos, vendrían días de llorar inconsolablemente aparentemente sin razones obvias. Sentía una cosa rarísima, una angustia constante de que algo malo me pasara, preocupación de regresar al hospital o ponerme peor, y si eso aumentaba comenzaba a sentir ansias en las piernas, acto seguido, lloraba inconsolablemente, diciendo que algo me pasaría. Los días pasaron y ese miedo se hizo más grande, ahora pensaba que moriría instantáneamente, de la nada y dormir era un suplicio. Dormir en las tardes, al medio día o en la mañana me era imposible puesto que al quedarme dormida creía inmediatamente que no despertaría nunca. Sólo quería que llegara la noche para dormir y no pensar en tantas cosas, curiosamente, la noche no me daba miedo.

Así siguieron pasando los días y el miedo iba en aumento, obviamente mis papás estaban preocupados y un tanto desesperados, Saúl un poco más, y yo sin saber explicar qué tenía o por qué pensaba todo lo que pensaba. De pronto mi psicóloga diagnostica una depresión, ¿una qué? Si yo lo que quería era salir adelante, caminar, volver a tener mi vida “normal”, salir con mis amigas, buscar trabajo, pasear ¿deprimida yo? No entendía nada y más me preocupaba. Después comprendí que la palabra depresión la usamos a la ligera, pensando que es una inmensa tristeza o un constante estado de llorar, nada que ver, ahora entiendo que la depresión es cosa totalmente médica. Así como se enferma el estómago, las vías respiratorias, el sistema inmunológico, así se enferma el sistema nervioso, así se enferma el cerebro, qué iba yo a saber. Igual nos lo explicaron pero no quería tomar medicina ¿antidepresivos? ¿yo? Pero si no estaba deprimida … la cuestión es que mi cerebro generaba más serotonina de la que debía y he ahí todas las cosas extrañas que sentía.

Se sabe muy poco de esto, la información aún no es la suficiente, se sigue creyendo que uno esta “loco” y hay casos como el mío que se distingue perfectamente que no es una cuestión emocional, es mucho más allá de lo que uno pueda controlar, no es cuestión solamente de echarle ganas, así no funciona esto de las depresiones diagnosticada por psiquiatría que puede suceder por muchas causas, en mi caso por tanta acumulación de estrés, y miedo inexpresado de poderme morir desde antes de que me operaran.

Los pensamientos que generaba mi cabeza son un tanto indescriptibles por no decir totalmente catastróficos, sí sentía un dolor en la panza ya pensaba que tal vez eran los intestinos que se estaban revolcando por dentro o que en cualquier momento me explotarían y tendrían que llevarme al hospital de nuevo, si me subía la presión pensaba que tal vez me diera un paro cardiaco a media noche, si me dolía la cabeza creía que tendría un derrame cerebral, terrible, cosas de ese tipo pensaba todo el tiempo. Ahora me da un poco de risa, en ese momento era sumamente preocupante, no existía la lógica en mi entendimiento, no podía comprender que las recuperaciones son lentas, que mis estudios de sangre salían perfectamente bien (de hecho mejor de lo que creíamos todos), y entonces mi desesperación era mayor.


De pronto logré separar lo “lógico” de las sensaciones que me invadían, sabía de sobra que estaba bien y algo dentro de mi, mi cuerpo mismo (llevó años conociéndolo y reconociéndolo) me decía que no pasaba absolutamente nada, al contrario, todo estaba perfectamente bien e iría mejor. Pensaba que siempre he sido positiva, que siempre he salido adelante, que busco siempre maneras y formas de no tirar la toalla, de no decir ¡ya basta, hasta aquí quiero vivir!, era una ansiedad terrible combinada obviamente con angustia y desesperación, me daba miedo tener miedo, me daba miedo enojarme tanto que pudiera hacer alguna estupidez conmigo misma, me daba miedo pensar que en algún momento ya no quisiera vivir cuando tenía tanto por qué hacerlo y entonces … aquí me es inevitable hablar de la mejor medicina; el amor de mi familia, conocidos, amigos y pareja que siempre me tuvieron motivada a seguir luchando de una manera sobrehumana para separar lo real, lo lógico de lo que mi mente creaba pero todo ese proceso  merece (muy sinceramente) otro escrito, así que por el momento quiero dejar claro que de no ser por absolutamente todo el amor y apoyo incondicional de la gente que me quiere, creo que sí hubiera pensado que ya no tenía sentido seguir. Y es por esto que en definitiva adoro a mi familia y me felicito por elegir a lo largo de mi vida personas que se han quedado en mi vida en las buenas, en las malas y en las peores.

martes, 20 de mayo de 2014

ESPERANDO QUE TODO “SE ESTÉ ACOMODANDO” ☺


Es que no es tan fácil escribir cuando no sé lo que estoy viviendo y sintiendo exactamente día con día. Pienso que es de pronto el tan famoso síndrome premenstrual y otros días pienso que es una negatividad que anda rondando por las calles de la ciudad de México y otros días todo eso se borra y resulta que soy de lo más positiva y entusiasta y, otros días no más me quedo estática y de pronto resumo todo en; la crisis de los veintes que hasta ahora, supongo, me está pegando. Y es que son el tipo de cosas que a todos nos pasan pero que no contamos a todos ni mucho menos hacemos público, imagínense dejar entrever (a todos tus parientes, amigos  y sobretodo personas que andan por ahí pero que no nos caen tan bien)  la crisis por la cual estamos pasando, ¡obvio no! ¡qué oso! Ese es el problema, no andamos por la vida gritando a los cuatro vientos cuando estamos en una etapa de saber qué chingados queremos o qué chingados estamos haciendo, si tomamos una decisión o mejor otra o cuando ni sabemos qué decisión tomar, mejor corremos, nos escondemos, lo solucionamos y en todo ese lapso podemos inventarnos mil actividades o simplemente optamos por decir “bien gracias” a la famosa pregunta “cómo estas” porque claro, ni modo que digamos; “Pues mira, no sé como estoy, a veces me encuentro sumamente indecisa y otros días muy positiva, otros tantos no sé que hacer ni para donde ir ni como moverme y otros días, los peores, estoy súper negativa pensando que ya todas las oportunidades se acabaron, pero al final del día siempre estoy haciendo cosas que en realidad no me llevan a ninguna en específico y pues sinceramente estoy en “un encuentro conmigo misma” sin hablar mucho conmigo pero estoy entendiendo qué chingados quiero y como quiero hacer las cosas”. Pues, no ¿verdad? No contestamos todo eso porque en realidad a veces, así estamos, sin saber la respuesta, justo como está ahí escrito, unos días totalmente positivos, otros negativos, otros sin saber qué hacer y otros haciendo todo pero como eso no está bien visto por la sociedad porque parece ser sinónimo de muchas cosas como; desesperación, enojo, frustración, mediocridad, sedentarismo, indecisión, inseguridad, depresión (esa me choca) pues entonces mejor no decimos nada.  Pues hoy yo estoy aquí, escribiendo y haciendo “publico” que estoy en esa etapa, esa etapa que gracias a lo que he vivido, ya he vivido, curioso pero cierto. Recuerdo haber estado así en dos etapas de mi vida y en esos momentos creí que jamás iba a salir de ese hoyo de confusión, sentimientos encontrados y cambios de ánimos camaleónicos, sin embargo salí “del hoyo” ambas veces y en esas dos ocasiones me fue muy bien al salir, conocí gente que ahora es sumamente importante en mi vida, tomé decisiones que han definido lo que he hecho hasta ahora y por lo que me siento orgullosa y feliz pero sobretodo me di cuenta de lo inteligente que soy cuando especialmente dejo que la paciencia fluya y sí, así como los libros de autoestima, cuando el optimismo me llega. Salí, se esclareció el panorama y todo fue muy bello. Si pudiera ponerlo en imágenes de caricatura seguro saldrían pájaros cantando, un hermoso y radiante sol y yo bailando entre plantas, árboles, pasto y el rocío del día.  Entonces, esas etapas son las que me han definido como persona y de las que por eso ahora me caigo tan bien. Las viví con muchísimo estrés, preocupación de no salir, miedo, tal vez terror y sí, una inmensa tristeza, situaciones que gracias a que ya lo he vivido, el día de hoy las vivo  muchísimo menos dramáticas, por así decirlo, además de que ahora tengo una pareja a mi lado que además de amar inmensamente  me hace sonreír todos los días.  Ahora estoy en una crisis controlada, o al menos así me siento. Y pues nada, ahora sólo queda esperar a que se acomoden mis ideas, seguirme haciendo oportunidades, no quedarme estática ni hundirme o echarme el clavado a la depresión, tristeza, frustración, desesperación y/o enojo y entonces sé de sobra que vendrán muchas buenas oportunidades pero sobretodo claridad en lo que esté haciendo y sintiendo. Creo que estas etapas son necesarias en la vida, a todos no pasan, no todos lo decimos ni mucho lo aceptamos “públicamente” pero todos nos identificamos.  Sólo espero que el proceso no sea tan largo y entonces pronto les cuente que todo se “está acomodando”.