martes, 27 de marzo de 2012

SIN ATREVERTE A MANDARLO TODO A LA CHINGADA


Te encuentras ahí, frente a frente, tratando de decir cada una de las cosas que te entristecen, que te molestan, simplemente esas situaciones incómodas que te despiertan sentimientos negativos. Decides, luego de un tiempo de pensarlo y meditarlo; compartirlo en una conversación “ocasional”.  En realidad buscas un abrazo, un beso, simple compañía, pero invariablemente es más bien acompañado por un aturdidor silencio y una marcada distancia que acribilla. Tal vez existe una ausencia de miradas cómplices, tal vez sea más bien la ausencia de comprensión. 

De pronto, te preguntas “¿Cuándo saber hasta dónde compartir y hasta dónde solucionar, hasta dónde pensar y hasta dónde resolver por sí mismo?” Por ahí se dice que hombres y mujeres resuelven los “conflictos emocionales” de manera distinta, mientras los hombres prefieren hacerse a un lado como ir a su recamara, a un jardín, parque o un escritorio que se encuentre a frente a ellos  para pensar y pensar hasta tener la solución, las mujeres prefieren platicar, externar lo que sienten y así escuchándose a sí mismas resolver sus conflictos, pero ¿Realmente es cuestión de género? A caso no hay mujeres que prefieren darse la vuelta y hombres que platican con sus amig@s.
A veces estas cosas ni siquiera tienen que ver con cuestión de género, a veces tienen que verlo todo. Consideras que se debería dejar de lado cuestiones sexistas para describir distintas y diversas situaciones del diario pero a veces tu propio discurso te traiciona y terminas describiendo los comportamientos de las personas según sean hombres o mujeres. Te cansas, te hartas y de una vez por todas aceptas que, en efecto, podrías reaccionar y actuar de forma “típica de mujeres” o de manera “generalmente de hombres”. Otras ocasiones de manera simple y sin darle tantas vueltas, comprendes de sobra que las personas son diferentes, que cada quien actúa igual y que no resolverán, sentirán, pensarán y actuarán igual que tú. 

Tú buscas la manera de compartir para así sentir eventualmente comprensión, compasión y apoyo. Puede que lo recibas, puede que no sea el caso y entonces si te encuentras en el segundo caso, tus reacciones ya no serán las mismas, tus actos, pensamientos y hasta formas de interactuar con las demás personas cambiarán. No te gusta el rechazo, ni la falta de interés, más bien sientes que ni existe y entonces te invade tal derrota que cualquier tipo de esfuerzo o intento te parecen invariablemente insuficientes.

Buscas todas las formas habidas y por haber para no ser tan extremista, tan determinante, pero llega el momento en que el cansancio de buscarlas y no encontrarlas sobrepasa cualquier motivación antes totalmente detectada. Sientes que en realidad todo lo hecho se han quedado en intentos, lo peor es que son todos son fallidos. 

Mejor decides darte la media vuelta, no pensar, no actuar, esperar y esperar a ver si el otro tiene alguna reacción, a ver si “así se da cuenta” pero existen otras veces en que te sientes indudablemente agotado, no es ningún plan, llegaste a tú límite y ahí estas, en el borde del límite, si moverte, sin atreverte a mandarlo todo a la chingada.