A veces creemos que la educación
tiene que venir de la escuela o que es única y exclusivamente de casa. La
educación que nos dan nuestros padres resulta tan importante como la académica
y la social, la cuestión es que siempre nos andamos echando la bolita, no
actualmente, no hace apenas unos 30, 40 años sino desde hace siglos. Que si
sólo los hombres podían ser educados en lo profesional, que si las mujeres sólo
tenían que aprender a ser señoritas, que si los hombres no tenían que aprender
quehaceres, que si las mujeres no tenían que leer porque pensaban, y así mil
ejemplos. Después, que si los niños no tenían que ser educados, que si los
jóvenes no tenían derecho a siquiera pensar. Que ahora se les enseña muy pronto
a leer y escribir, además en ingles, desde los tres años, que sólo se la pasan
jugando en el Kinder. En realidad la cuestión educativa no debería ser sólo una
actividad más en casa, debería ser un problema bien puesto sobre la mesa en la
agenda política, económica y social. Debería de ser un proceso por el que todos
estemos alertas, preocupados y por donde apostemos el todo por el todo. No es
únicamente, que ya bastante difícil es, que todos aprendan a leer y escribir,
es buscar la manera de contagiarles el amor por hacerlo, y bueno, si no queremos
llegar tanto al enamoramiento, por lo menos sí ha hacerlo de manera correcta,
como la redacción nos enseña, con puntos, comas, acentos y signos. La ciencia
no debería ser una materia más, aburrida, llena de teorías incomprensibles,
debería de ser una especie de inserción del conocimiento de la vida misma, del
lugar donde estamos, del entendimiento y la dimensión de lo que nos rodea, de
lo que estamos hechos, de lo que sucede a nuestro alrededor. No se trata de
agarrar una flauta y enseñar “martinillo” sino la magia que una nota puede
hacer junto con otras tantas, lo que significa, lo que enseña, lo que se vive.
Tampoco es cuestión de enseñar a prender una computadora y saber que Word sirve
para escribir y Excel, quien sabe. No se trata de enseñar a utilizar las cosas,
ni de divulgar información sin sentido. Es un compromiso, un compromiso del
cual la sociedad no ha estado dispuesta a tener, no ha buscado la forma de
cumplir con el y mucho menos a buscado la manera de mantenerlo. El compromiso
comenzó hace siglos, se perdió, fue demasiado. La educación no es un tema que
se debiera tomar a la ligera, no es decirle a los niños que los valores son los
que Televisa dice que son. La educación va mucho más allá de los conocimientos
que, con todo el respeto a todos los padres, ni ellos tienen la puta idea de lo
que hablan (obviamente no todos). La educación habla de responsabilidades, de
conocimientos, de curiosidad, de investigación, de reflexión … La educación sí
está en casa, pero también en la escuela, con los amigos, con los vecinos, con
el de la tienda, con el del carro alado de nosotros, hasta con el señor que nos
lleva los tamales calientitos oaxaqueños, no es broma, ahí está, al menos la
educación debería de estar en todos lados. En la forma de hablar, en la
cultura, en el conocimiento, en las acciones, en las tradiciones, en las
expectativas, en los planes de vida, en las decisiones, en el comportamiento,
incluso hasta en el pensamiento. El tema no se está apostando en ningún lugar,
la educación es básica, la información existe, ahora, ¿quién la va a divulgar?
¿quién va a ir casa por casa, persona por persona a contagiarla? Eso es
responsabilidad de cada uno. La educación es cuestión de una sociedad entera,
no única y exclusivamente de aquellas señoras, con cara de monstruos, que busca
trabas para que se fortalezco, no sólo es cuestión de quien lidera un sindicato.