Cuando era chiquita, por ahí de los 3 o 4 años si no mal recuerdo, una de mis tías (hermana de mi mamá) me invitaba a su casa de Cocoyoc cada vacaciones de verano y a veces en fines de semana de puente. Su casa como la mayoría de ahí, tenía una gran alberca a la cuál por cierto no me metí si no hasta cumplir como 6 años, me daba mucho miedo ahogarme. Así que bueno, todo el camino yo solo pensaba en la alberca aunque ni me metiera a nadar.
En el camino de la Ciudad de México a Cocoyoc, gozaba de la compañía de mis primos, mi hermana, mi mamá y mi tía, pero yo siempre me iba con un primo en especial, Josué. Con él podía jugar en el camino hacia allá a un montón de cosas pero principalmente a detectar los carros que circulaban en la carretera. La clasificación era sencilla: coche, camión o carcacha, claro que yo no les decía así, yo las nombraba "coche, camon, cacacha". El punto de este juego era adivinar que carro entraba en cada una de las clasificaciones, así podían pasar horas y seguíamos jugando hasta llegar a nuestro destino.
Una vez instalados en la casa hacíamos muchas cosas relajantes y divertidas, al menos yo siempre lo voy a recordar así. Mis primos brincaban a la alberca desde el borde de la ventana de sus cuartos y mi tía siempre me decía que me metiera a la alberca y terminaba metiendo los pies y a pesar de eso, invariablemente me metían a bañar y antes de hacerlo mi primo, del que platiqué arriba agarraba mis pies, los tomaba con sus manos, se los ponía en su nariz y decía "Fuchi, pata, pollo" y a mi me causaba una risa tremenda.
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